08 de febrero de 2010
Los robots de la guerra |
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¿Se puede pelear una guerra con máquinas que
se portan bien y hacer el conflicto más "seguro para los humanos"? Ésa es la seductora visión, y la esperanza, de quienes investigan y
trabajan en el futuro de la robótica militar.
De hecho, ya se está trabajando en
modelos que se alimentan de material orgánico (¿cadáveres incluidos?) y
en Estados Unidos una oficina del gobierno pidió que se realice un estudio
sobre la ética de los robots.
Con 8.000 robots en uso, algunos
creen que se puede generar una revolución militar.
Actualmente la mayoría de los que
están presentes en el terreno tienen
por delante tareas que no implican combatir, como desactivar bombas, a diferencia de los letales aviones no
tripulados.
Más robots
Pero Bob Quinn, que trabaja para la filial estadounidense de QinetiQ, una
compañía británica que fabrica robots, asegura que el futuro promete más robots armados en el campo de batalla, incluidos
vehículos sin conductor.
É insiste en la necesidad de asegurarse "de que los robots armados sólo
funcionen bajo el control de los soldados y nunca de forma independiente".
Singer pone como ejemplo el sistema
automatizado de artillería desplegado en Afganistán.
"(Este) sistema reacciona y dispara. Podemos apagar el sistema, podemos
activarlo, pero nuestro poder no es realmente de decisión. Es poder de veto
ahora", dice.
Vehículos vegetarianos
El académico estadounidense Patrick Lin recibió recientemente la tarea de
estudiar la ética de los robots, un trabajo encomendado por la oficina de
investigaciones navales de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
El Pentágono, a través de su agencia
de investigación de defensa, está gastando miles de millones de dólares en el
desarrollo de la robótica.
Un ejemplo sorprendente de un robot
que precisa una cuidadosa programación es el vehículo sin conductor
desarrollado por el Pentágono, llamado el EATR.
Puede repostar combustible por sí
mismo en viajes largos tras recolectar materia orgánica, lo que plantea la
inquietante situación de una máquina consumiendo cadáveres en el campo de
batalla.
Su inventor, el doctor Robert Finkelstein, de Robotic Technology, insiste en
que consumen "material orgánico, pero en su mayoría vegetal". "El robot sólo puede hacer lo que está
programado para hacer, tiene un menú", agrega.
Todo esto preocupa a los escépticos, como el profesor Noel Sharkey,
co-fundador del Comité Internacional del Control de Robots Armados, quien dice que la decisión de matar tiene
que permanecer en manos humanas.
"Uno lo puede entrenar todo lo
que quiera, darle toda las reglas éticas del mundo. Si el aporte no es bueno,
no es bueno en absoluto. Los seres humanos pueden ser considerados
responsables, las máquinas no".
Si uno no puede confiar en un robot para distinguir entre fuerzas enemigas y
no combatientes inocentes, Lin sugiere otra solución.
"Si hay un área de combate tan intensa que se puede asumir que alguien
no es un combatiente", argumenta, "entonces liberen a los robots en este tipo de escenario. Algunas
personas llaman a eso una caja asesina. Cualquier objetivo (en una caja
asesina) se supone que es un blanco legítimo".
Sin emociones
Otros investigadores sugieren que los
robots podrían evitar los fallos de los soldados.
"Es menos probable que los robots que están programados correctamente
cometan errores y maten no combatientes, inocentes, porque no son emocionales,
no van a tener miedo, ni actuar irresponsablemente en algunas situaciones",
dice Finkelstein.
Pero Christopher Coker, de la London School of Economics, testigo de guerras
pasadas y presentes, no está de acuerdo.
Las computadoras nunca serán capaces
de simular la "esencia del guerrero",
la mentalidad y las perspectivas éticas del soldado profesional.
La revolución militar en la robótica
ya ha avanzado rápidamente en el aire, donde los aviones no tripulados dirigidos
por control remoto son fundamentales para los conflictos como Afganistán.
En el terreno, el uso de robots hasta
ahora ha sido más limitado.
Sin embargo, dada la preocupación
política y popular por las bajas entre las fuerzas de la OTAN, el discurso para la
venta del fabricante de robots Bob Quinn es probable que sea convincente.
"Vamos a mantener seguros a nuestros muchachos, y matar al enemigo.
Desafortunadamente, esa es la situación en la que estamos en la guerra".
Fuente: BBC
Mundo
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